La maleta mexicana

La historia de los negativos perdidos de Gerda Taro, David Seymour y Robert Capa aparecidos 70 años después

Ciudad de Méjico, 2007


cuando el cineasta Ben Tarver, de madre mejicana, fue con su madre a visitar a su buena amiga Grace nunca pensó que saldría de allí con un tesoro. Grace, que estaba en su lecho de muerte le mandó abrir un armario y sacar de allí tres cajas; dentro había más de 3000 negativos de la Guerra Civil española fotografiados por Robert Capa. "Haz lo que quieras con ellos", le dijo. Su difunto marido el general Francisco Aguilar González, embajador de Méjico en Vichy, los había traído en una maleta al huir de la Europa fascista. En uno de esos barcos que llevaron al exilio a 20.000 españoles, se salvaba también un testimonio inédito de las primeras fotografías de guerra tomadas en el periodismo internacional. El documental La maleta mexicana de Trisha Ziff honra a los otros fotógrafos que trabajaban bajo el nombre de Robert Capa, y a su vez recupera una parte de la Historia que muchos se esfuerzan en minimizar y olvidar.


Algunos de los negativos encontrados en la maleta mexicana sobre la Guerra Civil española


Era el año 1933 cuando Gerda Taro de nombre real Gerta Pohorylle fue arrestada en su país natal, Alemania, por ser judía. Un tiempo después decidió irse con su amiga Ruth Cerf a París para que esa situación no se repitiera. Los primeros días en París de estas amigas estaban marcados por el hambre y la falta de dinero. Fue así como Gerta Pohorylle entró a trabajar como redactora de fotografías para una agencia fotográfica, allí se convirtió en la asistenta de un fotógrafo húngaro judío de nombre André Friedmann y pronto se convertirían en uno de los mejores equipos de la historia de la fotografía. Amigos y enamorados, sus personalidades llenas de carisma se entusiasmaban mútuamente. Muy pronto, para ganar más dinero en un momento en el que el periodismo no estaba muy regulado, tuvieron la idea de trabajar independientemente y hacerse pasar por agentes de un supuesto reconocido fotógrafo americano que trabajaba en Europa y que vendía sus fotografías para la prensa estadounidense y para los medios europeos. Fue así como André se convirtió en Robert Capa, cuyo nombre escogió de uno de sus directores de cine favoritos Frank Capa. Mientras que Gerta escogió a Greta Garbo para pasar a ser Gerda Taro.

Los amigos de Gerda Taro y las fotografías donde aparece testifican a una mujer con un gran sentido del humor, vivacidad y energía.

Lo que descubrimos con esta historia es que el autor de esas fotografías, Robert Capa, no era uno sino un seudónimo bajo el que trabajaba un grupo de chicos veinteañeros, aventureros, entusiastas, amigos, judíos que les tocó vivir en una época donde el fascismo acechaba por todas partes. Ellos, aunque pobres y sin ayudas editoriales, crearon un estilo de fotografía, "si tu fotografía no es buena es que no estás suficientemente cerca", era uno de los lemas de este equipo. Así es como decidieron participar en la Guerra Civil española. Se acercaron a la guerra desde dentro con la sola pasión de su mirada incisiva en la verdad del momento y con su cámara como arma en la lucha contra la amenaza del fascismo. Bajo el nombre de Robert Capa trabajaban David Seymour (Chim), Gerda Taro y André Friedmann. Este último ha acabado llevando el nombre de Robert Capa a la posteridad al utilizarlo como nombre personal pero las fotografías encontradas, aunque firmadas algunas como Fotografía Robert Capa para la prensa internacional, están hechas por los tres fotógrafos, siendo muy difícil poder diferenciar a sus autores en algunos negativos.

A la izquierda Robert Capa en el frente de Segovia en mayo/junio de 1937. A la derecha, Gerda Taro en el frente de Guadalajara en 1937 unos días antes de morir.

¿Qué aportó al mundo su fotografía?

La diferencia entre la fotografía de Capa, Taro y Chim y la del resto de fotógrafos del mundo hasta ese momento es el cómo y el qué fotografiaron. Por una lado, la Guerra Civil española se convirtió en la primera guerra civil contemporánea donde los ojos de todo el mundo estaban puestos. ¿Por qué? La mayor guerra anterior a esta había sido la Primera Guerra mundial, una guerra entre ejércitos y soldados y así lo testificaron las fotografías de entonces, pero no había como objetivo matar a la población ni destruir ciudades superpobladas. Este tipo de guerra fue la Guerra Civil española, la guerra entre dos ideas que crecían en el mundo. El fascismo y el comunismo avanzaban con gran tensión en muchos países, sobre todo en el corazón de Europa. El resultado de la Guerra Civil española marcaría el rumbo de la Historia al influir ideológicamente en los otros países, ya que si ganaba el fascismo en España se podía propagar y alentar a todo el mundo a encontrar nuevos aliados y podía acabar en una guerra mundial (lo que así fue).

Cuando la Guerra Civil española comenzó, Taro, Chim y Capa no dudaron en pasar allí días fotografiando la lucha republicana contras los nacionales, esa era su contribución para denunciar al mundo por medio de la publicación de sus fotografías en los medios extranjeros de Francia y EEUU lo que estaba ocurriendo en España.

Por otro lado, la recepción de las fotografías en los medios fueron de un gran impacto, no era común en la historia del fotoperiodismo ver el sufrimiento y la muerte de los ciudadanos de un país. Robert Capa (Chim y Gerda Taro) están considerados los primeros fotoperiodistas bélicos. Nunca antes se habían hecho fotografías bélicas porque los civiles no estaban dentro de la guerra, tampoco los periodistas partían con los solados al frente. Al ser una gerra civil, Gerda Taro y Robert Capa tuvieron acceso a las retaguardias de los campos españoles de Córdoba, Segovia, Valencia...  o a las barricadas de las ciudades como Barcelona y Madrid. De Taro son las fotos de los congresos de escritores antifascistas que en el 1937 se reunieron en Valencia. De ella decían que era una loca imprudente, porque con tal de conseguir una buena fotografía era capaz de salir corriendo tras los milicianos en pleno intercambio de balas. Lamentablemente fue su ambición de llegar tan cerca lo que la mató. Tras un bombardeo alemán, el coche donde iba frenó bruscamente y ella cayó en un hoyo donde fue atropellada por un tanque. Sus heridas fueron letales, aunque estuvo dos días consciente, nada se pudo hacer por ella. Su enfermera, que aparece en el documental, relata lo preocupada que estaba Taro por saber dónde estaba su cámara y sus fotografías.

Fotografías de Taro. A la izquierda, tres chicos en una ventana del Hotel Colón de Barcelona, oficina principal del PSUC (Partido Socialista Unificado de Catalunya) El 15 de junio de 1936. A la derecha, 2 niños juegan en una barricada de Barcelona el mismo día.

Fotografías de Taro. Frente de Córdoba en junio de 1937. Miembros del batallón Chapaiev juegan a ajedrez cerca de Peñarroya (negativo encontrado en la maleta mejicana). A la derecha, mujer republicana en 1936. Fotografías de Gerda Taro disponibles en la Agencia Magnum.

Chim también fotografió la Guerra Civil junto con Taro y Capa. Ellos nunca revelaban sus fotografías, y aquí está el cambio de dirección de esta historia. Los negativos de la Guerra Civil española, así como todos los demás, eran enviados a Cziki, otro miembro del equipo que trabajaba desde París, donde enviaba las fotografías a los medios de comunicación y las revelaba él mismo en el laboratorio. El día que se enteró de que los alemanes estaban entrando en Francia para ocuparla, no dudó en hacer una maleta con tres cajas de negativos perfectamente organizadas. Él estaba en el almacén con todos los negativos del equipo pero escogió los de la Guerra Civil española. Quiso salvar ese legado y todo lo que esas fotografías significaban. Había oído que en este final de la guerra estaban saliendo barcos rumbo a Méjico. El presidente de Méjico Lázaro Cárdenas había ofrecido refugio para todos aquellos españoles que querían huir del fascismo. Fue así como Cziki se llevó los negativos en bicicleta desde París a Burdeos para llegar hasta Marsella donde dio con el general mejicano Francisco Aguilar González, embajador de Méjico en Vichy, a quien le cedió la maleta.

Cziki en Paris. Él fue quien organizó todo para salvar los negativos


En uno de esos barcos también iba Chim, quien fotografió el nacimiento de un bebé en pleno trayecto y la llegada a Vera Cruz de los exiliados españoles. Allí los españoles encontraron la abundancia que hacía tiempo no vivían: fruta exótica, libertad de movimiento, música, educación y mucho cariño por recibir a los luchadores del franquismo. Méjico nunca ha olvidado esa etapa, a menudo se habla más allí que en España de este vínculo que nos une por la Guerra Civil. En Méjico acaban también muchas de las obras y de los archivos de los intelectuales españoles que marcaron literatura y las artes.

Los negativos organizados por Chim hace 71 años

Aquellos españoles que consiguieron un pasaje a Méjico eran en general intelectuales o antifascistas bien posicionados. Otros españoles más pobres no tuvieron más alternativa que cruzar a pie los Pirineos que nos separan de Francia y pasar noches y días en las playas de Argelès sur mer, donde los franceses no sabían qué hacer con ellos.

Al final Taro tuvo un entierro organizado en París con todos los honores, también las fotografías salieron a la luz, y por último y no menos importante, la memoria histórica española consiguió una contribución milagrosa.


500.000 personas murieron en la Guerra Civil española, pero la memoria, que es lo único que podemos recuperar y no a sus muertos, es lo que al final ha sobrevivido como un premio tras la pérdida. Aunque el destino no ha sido gentil con los perdedores de la Guerra Civil, la vida quiso que Conrell Capa, hermano de Robert Capa, quien toda la vida buscó reiteradamente aquellos negativos de los que había oído hablar, pudiera verlos y tocarlos por fin, cuando Ben Tarver le contactó.

Se trataba de una maleta roída que había sobrevivido a un viaje en bicicleta Paris-Burdeos, un trayecto transatlántico de 20 días y 70 años de oscuridad en un armario. La Verdad como dicen, siempre sale a la luz. Aquellos negativos fueron disparados con la pasión y la imprudencia de unos veinteañeros de espíritu libre y apasionado. Eran autores de una fotografía inédita que marcó la historia del arte y la historia contemporánea.

Cuando aparecieron estas fotos en el 2007, ejercieron otra vez el impacto necesario al recordar tan cerca como la fotografía de Taro, Capa y Chim nos lo quería mostrar, la existencia de esos hechos fotografiados en nuestro país, la recuperación de la memoria de los españoles que se exiliaron a Francia y a Méjico, el recuerdo de los que murieron en esa guerra, y sobre todo, el reconocimiento aún necesario y vigente de una lucha contra un golpe de estado. Aunque la Historia se quiera desoir o se ignore su lectura, como dice la expresión, una imagen vale más que mil palabras.