La Niña Bonita

¿Por qué nos da miedo hablar de la República?


14 de abril de 1931


Un día como hoy en España se proclamaba la II República (1931- 1939). En nuestro calendario abundan los días festivos y celebraciones: el día de la Constitución, el día de la Hispanidad, el día del Trabajador, pero... ¿Por qué nadie habla de la Segunda República? La respuesta es sólo una: han querido que la olvidáramos, hacer de ella un pasado pésimo y remoto. ¿Por qué las mujeres no deberíamos olvidarnos de la República?:



Te pongo en contexto

Cuando la Repúbica fue escogida por medio de elecciones, las ideas de cómo dirigir el país eran muy dispares; imagina que es la primera vez que te permiten opinar en España después de 40 años (si eres hombre) o por primera vez en tu vida (si eres mujer), a esto hay que añadirle la pobreza de la mitad del país y la crisis económica mundial como la que ya hemos vivido o peor. ¿Por qué la salvajada de quemar iglesias? Porque la Iglesia era la única que vivía más que dignamente cuando el país entero estaba en la pobreza. Algo así como la Revolución Francesa.

Las diferencias de opiniones fueron un caos para la acción política. Aún así la II República tenía un fin: lograr la democracia, garantizar derechos y modernizar el país. Para hacerlo el gobierno republicano empezó por la separación de la Iglesia y Estado, el laicismo. No querían que la Iglesia interviniera en la política..., lógico, ¿no? Los católicos siempre vieron en la República a un enemigo por ser anticlerical, por no querer mezclar religión con política, entendiéndose religión como influencia y privilegios, que es la verdadera vinculación que tiene la Iglesia: el poder, económico e ideológico.


La prioridad de educar

El gobierno republicano quiso separar a la Iglesia de la educación y substituir la fe religiosa por la fe en el conocimiento. La reforma educativa se convirtió en absoluta prioridad. Seguramente ambas podían haber convivido y no habría hecho falta hacer un país aconfesional, pero entonces el poder de la Iglesia estaba tan monopolizado que se quiso substituir en la misma proporción por la libertad pedagógica.

La República tenía como prioridad hacer del país un lugar culto donde todos los habitantes tuvieran acceso a la educación como base de la sociedad. Ahora ir al colegio es algo evidente pero entonces el analfabetismo era de un 34%, aquel fue el inicio de nuestra educación pública más avanzada. Se quiso educar hasta el pueblo más remoto de España y la figura del maestro se convirtió en la más respetada. Las Misiones Pedagógicas, con su cultura ambulante, eran las encargadas de organizar lecturas, sesiones de cine, música o excursiones siendo los pioneros en la difusión de la cultura española y de la Institución Libre de Enseñanza. Esta institución tan añorada se dedicó a difundir el librepensamiento y la educación humanista de los ciudadanos. 


Qué dicen nuestras revistas

En el número de octubre de 2017 de la revista Harper's Bazaar en español dedicada a las mujeres trabajadoras, escribía Yolanda Sacristán en su Carta de la directora: "Hasta 1981, las españolas debíamos pedir permiso al cónyugue para poder trabajar, cobrar un salario, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos y obtener el pasaporte o el carné de conducir. Y aún hay más. Hasta ese momento, el adulterio de la esposa constituía causa legítima de separación para el hombre y , sin embargo, en el caso del marido, solo cuando existiera escándalo público o menosprecio para la mujer. ¡Y de eso hace sólo 36 años!" No hubiera estado mal recordar que más sorprendente aún es saber que todo eso era posible ¡hace ya 87 años!.

Harper's Bazaar España, Octubre 2017

No debemos olvidar a Clara Campoamor, Victoria Kent o a Federica Montseny, la primera mujer ministra de Europa.

Pero parece que nos da miedo hablar de la República, como si el calendario gregoriano español empezara en 1982. Sólo después de la Transición es cuando ya podemos hablar oficialmente de democracia, nos lo han dicho en el colegio, en la televisión, lo leemos en las revistas y en la prensa... Olvidamos que la democracia ya existía antes, que no hace falta tener miedo a recordar que las mujeres pudieron votar por primera vez en 1933, gracias a la Constitución de la II República. La Constitución de 1931 que a día de hoy es la más moderna que ha tenido nuestro país y en la que se basó la actual Constitución española de 1978. Además ya entonces se reconoció el Estado plural y el bilingüismo, se instauró la jornada laboral de ocho horas que ahora todos cumplimos y la Sanidad Pública se consolidó, ¡se incluyó la ley del aborto!, el derecho al divorcio y el Sufragio Universal masculino y femenino; por primera vez las mujeres españolas obtuvieron el derecho al voto y pudieron participar en la vida pública. Este tiempo supuso un cambio radical para las mujeres españolas.

Sólo después de la Transición es cuando ya podemos hablar oficialmente de democracia, nos lo han dicho en el colegio, en la televisión, lo leemos en las revistas y en la prensa...

La carrera de Magisterio como ahora la conocemos comenzó entonces, y la universidad se llenó de mujeres. Las maestras de la república fueron especialmente importantes, por su labor de extensión y renovación de la enseñanza. Fueron las encargadas con su ejemplo de defender la igualdad, la libertad y la solidaridad siendo comprometidas y valientes. Ellas encarnaban la imagen del modelo femenino y tuvieron un papel clave en la igualdad de derechos de nuestro país. Tampoco hay que olvidar a las Sinsombrero, mujeres feministas muy unidas y valientes, decididas a recuperar el papel de la mujer europea emanzipada que se inició con la Primera Guerra Mundial. Ni debemos olvidar a Clara Campoamor, Victoria Kent o a Federica Montseny, la primera mujer ministra de Europa. Es nuestra responsabilidad recordarlo, sobre todo de las mujeres. No deberíamos ser nosotras quienes decepcionemos a nuestras pioneras.

Photo by Jack inMotion on Foter.com / CC BY-NC-ND

Lo que destruyó el franquismo

Fue durante la Segunda República que se construyó la base de un Estado moderno, libre y progresista. Tras el golpe de estado a la República con la llegada del franquismo, la dictadura se dedicó a erradicar el derecho al divorcio, el derecho a la educación de enseñanza mixta y se volvió a depender de los padres y del marido. Todas las mujeres fueron entonces consideradas legalmente menores de edad. Se instauró en la escuela el nacionalcatolicismo, el autoritarismo y el patriotismo fascista. Ahora ya no vivimos esa censura ni represión pero de esta dictadura todos hemos heredado un cierto grado de conformismo y de sumisión, la aceptación del líder, de la familia patriarcal, del machismo...

La historia de la Segunda República (1931-1939) no es una historia antigua, es la historia de la España actual, de aquello que podríamos haber sido y que hoy en día parece que no hay manera posible de conseguir. Hay una tendencia a desaprender, a retroceder, a celebrar al ignorante, miedo a cuestionar o a ser cuestionado, a tener una opinión distinta. La historia actual es la del declive humanístico y cultural de un país que se ha ganado en su inerte cultivo de 36 años de falta de valores, el prestigio de la pandereta, y a pesar de la recuperación económica del 2011 hasta ahora, nunca se ha vuelto a recuperar la inversión en educación o en desarrollo.


Cuando tuvimos un proyecto en Igualdad

Tampoco hay que olvidar que en este despertar feminista actual ya tuvimos durante la legislatura de José Luis Rodriguez Zapatero un Ministerio de Igualdad (2004-2008) , para mantener los derechos de la mujer y luchar contra la Violencia de género: problema de índole nacional que sigue vigente actualmente. Los siguientes gobiernos enconaron la Igualdad en el Ministerio de Sanidad y Política Social, pero ya muchos han olvidado esta continuación porque los derechos que necesita una mujer para tener un sueldo equiparable al de sus compañeros masculinos, una baja de maternidad digna o bien un horario laboral flexible están muy lejos de las voluntades del actual ministerio que como su gobierno, parece que vive para sobrevivir y no para progresar. Qué miedo da el progreso...


Es antipopular recordar a la República, "por no abrir heridas", dicen. Las heridas nunca se han cerrado y poco hacemos para curarlas cuando la única forma de hacerlo es empezar por hablar de los hechos tal y como ocurrieron. No, no es una apología a la República, no fue un camino de rosas ni digno de repetirse, fue muy al contrario, una época convulsa y difícil pero no podemos negar que los primeros derechos de un Estado moderno se los debemos a este tiempo. Si fuéramos más conscientes de esto celebraríamos el 14 de abril como el 8 de marzo.

Photo by Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) on Foter.com / CC BY-NC

No se trata de tomar partido ni de empezar un debate, pero sí de decir la verdad archivada y acostumbrarnos a perder el miedo a la reacción que eso pueda tener. Reconocer y convivir con nuestra historia, a pesar de todo. Seguramente la Transición usó un silencio necesario entonces, para una primera y urgente vía de convivencia, pero Time's up para esto también..., ya ha llegado la hora de romper la tendencia de callar el pasado para no ofender a nadie: como si nos hubieran dado el permiso de ejercer la democracia, como si hubiéramos cedido la dirección de la Historia que llamamos moderna. Debemos estar preparados para aceptar la Historia sin miedo y con autocrítica. La II República no sólo hay que recordarla, hay que tenerla presente cada una para sí misma porque es la cuna de los derechos individuales de la mujer en este país.

La distancia y la falta de estudio de esta etapa ha provocado que nos llegue en forma de leyenda desdibujada, diseñada por los agentes del olvido: el Partido Popular, un gobierno con nombre de banco que muy lejos está legislativamente de la modernidad republicana.

El drama es que nos acabemos creyendo lo que leemos en las revistas o que lo que tenemos hoy es el Progreso y que tal como está, así debe seguir. No se trata de volver al pasado, sino de reconocer lo que nos sirvió y serviría a tod@s. Hablemos de la República.