Entrevista a Icíar Bollaín por el estreno de Yuli, la vida del bailarín Carlos Acosta


El contenido original de esta entrevista está publicado en Berlin Amateurs

2 de febrero, premios Goya,


La directora madrileña Icíar Bollaín estuvo en Berlín presentando su última película Yuli, sobre la vida del bailarín Carlos Acosta. El primer bailarín negro del mundo que interpretó en el ballet Romeo y Julieta (junto con Tamara Rojo) el papel de Romeo. En la entrevista nos habló del origen de la película, de qué hacer con el talento, del poder curativo del arte y de no dejar dormir la Historia. Además nos dio muchas ideas de películas nuevas para ver (todas de directoras) y nos llevamos algún que otro consejo para ser directora de cine ¿Qué más se puede pedir?.


DyP-Tengo que decirte que al ver a Carlos Acosta en la Royal Opera House nunca hubiera imaginado que un bailarín que llega donde ha llegado él tuviera un éxito tan agridulce.

IB-Igual la película da esa impresión. Lo que pasa es que se centra mucho en la relación con su padre y luego hay toda una carrera profesional de éxitos muy larga que está resumida en cinco minutos de baile en los que se resumen veintitantos años de vida profesional. Él ahora se acaba de jubilar pero es una estrella en el Reino Unido, tiene su propia fundación, su propia compañía, una escuela... Es un hombre que cuando le han preguntado esto en las ruedas de prensa, siempre afirma que valió la pena, lo que pasa que tuvo una infancia muy dura.

Hay cosas trágicas en la historia de Carlos pero era un niño muy querido. Él recuerda su infancia, idealizándola, porque era un momento en los 80 en Cuba en el que había poco pero para todos, una gran solidaridad con los vecinos... Para contar una historia tú buscas lo que ha marcado a la persona: el amor de su padre, pero también la violencia de su padre, el amor por Cuba pero también situaciones tristes que vivió su familia. Creo que es una película luminosa que pone en valor muchas cosas. Y luego quizás también te da esa sensación porque se hace mucho hincapié en el sacrificio, pero las películas de éxito son mucho teatro lleno pero cómo se llega allí, se ve el salón de ensayos, el sudor y otra manera distinta de contar las cosas.

Fotograma de la película Yuli de Icíar Bollaín

DyP- Sí, además el padre vive en su pasado, en su historia mezcla de mito, leyenda, verdad. Hay una parte de la película en la que se ve como la historia desdibujada, aún sin saber cómo fue de verdad, tiene ese valor de realidad, y eso es muy típico de la oralidad. Eso me gustó muchísimo porque es la historia que no escribieron, sino que se contaron.

IB- Sí, es la que se contaron...hay muy pocas historias escritas. Paul y yo leímos un libro impresionante de un esclavo que había vivido la esclavitud y la liberación de los esclavos, impresionante, en su propia voz.

DyP-¿Qué libro es?

IB- Historia de un cimarrón. Yo creo que es una larguísima entrevista con un cimarrón que vivió la esclavitud y se escapaba y tiene un lenguaje que cuesta leerlo a veces de tan cerrado, cubano, con tantas expresiones de época, que habla de las distintas razas dentro de los esclavos, de cómo se consideraban a unos, a otros. Tampoco se entendían entre sí, venían de distintos lugares de África.

DyP-¿Qué te motivó a hacer una película sobre Carlos Acosta?, ¿por qué él?

IB- En realidad el proyecto le llegó a Paul Laverty, mi compañero. Carlos y la productora británica llevaban tiempo detrás de hacer una historia, había un guión pero no les gustaba a ninguno de los dos entonces llamaron a Paul, con quien había quedado para hacer la próxima película juntos después de El Olivo. Entonces Paul les propuso que entráramos yo en la dirección y él en el guión, les pareció muy bien y leímos la biografía de Carlos. Me pareció que era un personaje muy peculiar por tantas cosas..., no había razones para no hacerla.

DyP- Toca muchísimas cosas, una historia personal pero a la vez colectiva, el arte, el triunfo, la soledad...

IB- Toca muchas cosas. A mí me pareció más raro que Paul enganchara con la historia porque yo tengo una relación con Cuba desde hace años, tengo amigos allí, el cine cubano y el español han hecho muchas cosas juntos, hay artistas que nos hemos intercambiado. También como española siento una relación muy cercana con Cuba. Y Paul es a quien quizá le pillaba más de lejos todo, pero hay una cosa que a él le deslumbó que es ese viaje de ese bisnieto de esclavos que acaba en el corazón de Londres bailando el primer Romeo negro. Las historias humanas con política detrás le parecen alucinantes a Paul.

Ese padre camionero, se autoenseñó porque él comenzó a trabajar a los nueve años, en medio de ese barrio que lo más improbable del mundo es que quisiera que su hijo bailara. Hay cosas en la vida de Carlos que son muy especiales.

DyP- Ya que hemos hablado de la oralidad te voy a preguntar sobre la mitología, Yuli es el nombre de un dios guerrero cubano. Has utilizado la mitología en Te doy mis ojos. ¿Querías aprovechar el nombre del guerrero Yuli como para indicar la idea mitológica de que no puedes escapar de tu destino? Para Acosta, la condición de obligación que tiene su destino se convierte en un camino al que pertenece, como de aceptar el destino que uno tiene.

IB- Sí, pues la verdad es que no lo había pensado en esos términos. La mitología en Te doy mis ojos me llamó la atención porque está llena de violencia hacia las mujeres, todo son cuadros como El rapto de las sabinas, la violación de no sé qué..., todos son dioses que quieren tirarse a las diosas, las semidiosas o las mortales, a todo lo que se le pone por delante y lo hacen muchas veces con engaños, con violencia, y me dije que ya llevábamos con esa violencia muchos siglos.

En este caso, más que el destino creo que es el talento, que puede ser como una especie de condena. Me gusta mucho cuando dice "el maldito talento que me sacó de mi casa". Es curioso porque cuando alguien tiene talento todo el mundo le dice que tiene que hacer algo con ese talento pero a veces la persona quiere hacer otra cosa, parece que el talento te obliga, pero también hay una historia muy bonita en la vida de Carlos que intentamos mostrar en esa escena de Carlos niño bailando bajo la lluvia donde él hace clic. Yo le decía a Carlos que por mucho que te obliguen a hacer algo, hay un momento en que tú quieres o eso no ocurre, y él me dijo que eso fue allí en Pinar del Río lejos de su familia, cuando se dio cuenta de que no era bueno en nada, en lo único que era bueno era en el baile, y se lo llevaban diciendo años ya. Lo que me pareció bonito es que lo que era una cárcel lo convirtió en su refugio y eso estaba en el guión en forma de texto, él lo decía en su libro pero al final nos resultaba demasiado dicho y lo dejamos en imágenes. De repente la danza que para él era una cárcel, se conviritó en su amiga y en el refugio al que podía acudir cuando se sentía sólo o perdido.

Icíar Bollaín

DyP- ¿Eso también se puede relacionar con la idea de que el arte siempre nos salva?

IB- Yo creo que el arte salva, nos salva a los espectadores y a los creadores. Creo que a lo largo de la Historia hay mucha locura que ha canalizado en los creadores. El arte es muy terapéutico, tanto hacerlo como verlo.

DyP- Has tocado mitología, pintura, danza, música, eres multidisciplinar ¿bebes de todas las artes?

IB- El cine tiene una cosa que es todas las artes juntas, muchas veces los directores de foto hablan de pintura para hablar de luz. La fotografía de la película es luz y la pintura también. El cine roba eso, lleva música, lleva movimiento.

DyP- La música me pareció espectacular.

IB- La música de Alberto Iglesias es espectacular. Nunca había tocado el baile y la verdad es que ha sido un viaje alucinante.

DyP- En Yuli me parece que la danza apoya los viajes emocionales en el momento perfecto, como que está muy medido.

IB- Intentamos medirlo mucho. Hay sólamente como ocho o nueve momentos, son muy concretos y cortitos, ninguno dura más de dos minutos y medio. Están muy medidos porque es una película de ficción y estamos contando una historia de ficción lo que pasa que al contar la historia de un bailarín y al ver a Carlos con su compañia que son unos bailarines espectaculares y al ver al propio Carlos decidimos contar algo con baile también. Y era una apuesta fuerte. Fue muy nuevo para todo el equipo.

DyP- Has hablado del sacrificio del talento. A ti como creadora, ¿has pasado por procesos duros para crear tus películas?

IB- ¿Sabes qué pasa? Que yo no me siento artista, yo me siento trabajadora. Tal vez soy artista, no lo sé. (risas) Este es un trabajo muy delicado, muy sutil a veces, a veces funcionas con intuición, otras con certeza, otras tiras de oficio porque ya llevo unos años en esto y voy sabiendo lo que hago, pero sobre todo es cuestión de rodearte de buenos profesionales. En esta película hay unos profesionales espectaculares y al final es un trabajo de equipo. La guía, la dirección la llevo yo, pero estoy haciendo un trabajo de equipo con una gente como Alberto Iglesias, María Rovira, el director de fotogría Alex Catalán... un trabajo colectivo que tú tienes que dirigir pero en el que todo el mundo está aportando un montón. Supongo que somos artistas pero me parece una palabra un poco presuntuosa.

DyP- Alguna vez has dicho que te sentías sola en la industria del cine como mujer. Has dicho que te sale natural crear, ¿qué le dirías a las mujeres que tienen pocas referentes y que no saben por dónde empezar?

IB- Pues les digo lo mismo que a los chicos, lo único que las mujeres tienen que ser más pesadas todavía que los chicos, para dirigir tienes que ser muy pesao, porque en realidad no pasa nada si no diriges, la vida sigue, el mundo no se cae, entonces tienes que empeñarte mucho, tienes que perseguirlo y tienes que hacerlo, y esa es la otra cosa ¡que tienes que hacerlo! Hay una idea de que tienes que hacer un largometraje en el cine pero hay mil manera de contar historias más pequeñas. Ahora es más fácil incluso que cuando yo empecé porque antes hacíamos cine de película, de negativo; necesitabas una cámara, el carrete, revelarlo... y ahora mismo es mucho más fácil, el mismo móvil... Hay mucho más medios, puedes abrirte un canal de YouTube y por lo menos a tu familia se lo puedes enseñar. (risas) Antes tenías que alquilar un cine para ver un corto. La única manera de aprender a hacer cine es haciéndolo y yo empecé haciendo cortos entre amigos con una pequeña productora y en equipo porque es la manera de hacer cine. Si quieres contar cosas cuéntalas, y con eso como tarjeta de presentación, aunque sea breve, podrás abrirte camino para contar cosas más largas. Pero el cine se aprende haciéndolo, mucho, y viéndolo.

DyP-¿Cuál es tu cine preferido?

IB- La verdad es que soy muy poco fetichista de nada en concreto, y además creo que soy buena espectadora, hay películas que no me parecen muy redondas pero ya hay algo en ellas que me gusta y me quedo con eso. Y me gusta mucho tipo de cine.

DyP-¿Una última película que hayas visto que te haya gustado mucho?

IB- Pues mira, para ser un poco más general que una sola, de este año me han interesado muchísimo las pelis de las chicas, son algunas primeras directoras que además se han visto fuera, se han estrenado en festivales. Hay una cosecha de nuevas directoras, cuatro o cinco este año. Hay una que cuenta una historia en Berlín que se llama Las distancias, sobre la generación esta de los treinta que están todos más despistaos que yo qué sé y vienen aquí a ver a un amigo y el amigo no quiere ni verlos. (risas) Es una película muy sencilla y muy bonita.

Luego hay otra que se llama Viaje al cuarto de una madre, que es preciosa y está bastante nominada, también es una primera película de una chica. Hay una comedia tronchante que se llama Mi querida cofradía.  Hay otra que seguro que se va a llevar muchos premios este año, Carmen y Lola, la historia de dos gitanas lesbianas que se enamoran. De repente, hay unas chicas que están contando cosas, que a mí personalmente me interesan y que están contando cosas con otra mirada. Más que otra mirada, con otra experiencia y me han gustado mucho.

DyP-¿Cuál es tu relación con esta ciudad, con Berlín?

IB- Yo tengo una relación indirecta pero muy presente en mi vida porque tengo una hermana gemela que vivió once años en Berlín, entonces yo no, pero como lo ha hecho mi gemela (risas) tengo la sensación de que tengo mucha familiaridad con Berlín y he venido a verla a lo largo de los años. Ella estudió aquí canto y dirección de escena, trabaja de ello y es profesora. Ahora está de vuelta en España. Venía hoy andando por Kreuzberg y pensaba en el valor que tuvo mi hermana, que se vino aquí con veintipocos años ella sola y se echó palante. Lo que pasa que ahora hay muchos más españoles, en aquella época había muy poquitos. Ahora sois muchos los que habéis venido. Berlín me parece una ciudad fascinante, al darme una vuelta por Kreuzberg he dado con el museo de la Topografía del terror.

DyP- Sí, aquí en Alemania hacen algo muy bien que es revisar mucho su memoria.

IB- Además revisarla con el mea culpa. Me ha impresionado que en los carteles que rememoraban la acción de la Gestapo o el Tercer Reich, ponía: "esto no habría sido posible sin el apoyo de los ciudadanos", lo dice en un montón de carteles. He hecho fotos a los carteles porque me han alucinado, y decía "el terror del Tercer Reich tampoco hubiera funcionado sin el apoyo de los ciudadanos".

DyP- Ya, decir eso es algo que en la vida hubiera pasado en España

IB- Hay una película que también recomiendo, El silencio de los otros, un documental hecho por un director y una directora sobre cinco casos olvidados de la memoria histórica que cogió una jueza argentina. Por ejemplo, hay una viejecita que tiene a su madre en la cuneta de una carretera y le lleva flores y las ata en el raíl de la carretera, se te rompe el corazón. Luego hay una historia de bebés robados y otras dos que buscan a familiares. En España lo tenemos todo sepultado y me parece alucinante cómo lo hacen aquí.

Encontraréis más historias de la capital alemana en el blog Berlin Amateurs