El Día internacional de los museos es cada día

Una manera mágica de aproximarnos a la Historia y a historias


Paseo a orillas del mar de Joaquín Sorolla

Parece ser que hoy es el Día internacional de los museos ¿Os habéis dado cuenta de que desde hace unos años siempre es el Día internacional de algo? Seguramente debe ser a causa de la globalización, como este mundo está tan conectado a tiempo real, podemos celebrar juntos cualquier cosa. Últimamente hay una tendencia a que todo el planeta celebre todo a la vez, San Valentín, el Día del beso, el Día de la mujer, incluso cosas que en la vida habrías celebrado como el Día de los muertos, St Patricks day, Halloween o el baby shower (antes de que nazca, ¿estamos locos?) pero bueno este es otro tema.

Los museos me parecen algo esencial que visitar, gracias a ellos sabemos lo que hay y hubo fuera de este tiempo que nos atrapa y nos suele hacer olvidar todo. Mis mejores recuerdos del colegio son visitas a museos, como por ejemplo el Museu de Drassanes o Museo Marítimo de Barcelona y antiguo arsenal de galeras de la corona de Aragón, lugar donde se construían y restauraban los barcos del puerto. Además de ser un edificio precioso, patrimonio nacional desde 2006, tiene actividades para niños y un simulacro de tormenta en alta mar que entonces me pareció de lo más emocionante. Gracias a los colegios conocemos museos de nuestra ciudad que o bien no conocíamos o no hubiéramos visitado jamás. También con el colegio salimos de Barcelona y estuvimos en la maravillosa Galleria Uffizi de Florencia, este museo llamado "galería de las oficinas" por ser el palacio de las magistraturas de la ciudad acabó albergando todas las obras coleccionadas por sus mecenas los Médici, en una época en la que el arte gobernaba literalmente. Los miembros de la familia Médici eran comerciantes de arte y gobernantes de Florencia porque en esta época no había poder sin arte. Para que se pudiera admirar una ciudad como un lugar poderoso, esta tenía que ser bella. Ahora este poder se traduce únicamente en los coleccionistas de arte contemporáneo... pero salvando las distancias claro, y los que nos gobiernan suelen afear nuestro patrimonio arquitectónico más que construir uno nuevo. Tampoco olvidaré esa visita a la Alhambra de Granada, la antigua residencia del rey nazarí de Granada, y pasear por los jardines de piedra blanca con el sonido del agua canalizada de mil maneras diferentes y darme cuenta allí mismo de lo cerca que está Andalucía del mundo árabe y entender el color profundo del flamenco, la arquitectura y los motivos de la poesía andalusí que durante más de seis siglos fueron el centro de la vida de los andaluces.

La primavera (1478) de Boticelli se puede ver el la Galleria Uffizi de Florencia


En toda ciudad y hasta en el pueblo más pequeño suele haber un museo. Todo el mundo necesita saber de dónde viene; es una manera de darse a conocer o de compartir un legado cultural e histórico. Una noche de tormenta mis padres y yo llegamos por casualidad a una casa con un cartel muy discreto que ponía: museu de la llana, museo de la lana de un pueblito de la Seu d'Urgell llamado Arsèguel. La hija de la familia que allí vivía junto a sus padres en los bajos de una antigua fábrica téxtil de principios del s. XX, nos recibió en zapatillas dispuesta a contarnos la historia de la fábrica, un lugar que más bien parecía abandonado, lleno de una maquinaria imponente de hierro y de telarañas entremezcladas con retales de lana por todas partes. Mientras se oía el río bajar con fuerza a causa de la tormenta, un río que había funcionado como motor hidráulico, la hija explicaba todo de carrerilla y nos conducía de un espacio a otro. Al final nos vendió unos calcetines de lana en lo que era la "tienda de la fábrica" que estaba igual de abandonada que el resto. Aquella fue la experiencia museística más extraña que tuve, pero fue un placer ser los únicos visitantes de este lugar fantasma empolvado en el pasado con una maquinaria dormida y ser partícipe de una muestra más del replandor industrial que vivió la Cataluña téxtil.

Aún más importantes son las exposiciones, algunas se me han quedado e la retina para siempre y muchas veces lamento no haber comprado el libro de la exposición (son carísimos). Las personas que vivimos en las ciudades tenemos que aprovechar toda exposición temporal que nos permite ver con nuestros propios ojos obras del Guggenheim, del Louvre o de otros intercambios entre los museos más importantes del mundo, ¡es una suerte! Por ejemplo este año se han podido ver los carteles de Toulouse Lautrec en la Fundación Canal de Madrid  o el año pasado se expuso la obra del futurista Giorgio de Chirico en el Caixa Forum de Barcelona.

Entre las exposiciones que más recuerdo hay tres que siempre me vienen a la memoria. La exposición París-Barcelona en el Museo Picasso de Barcelona, sobre la correspondencia cultural entre los dos centros artísticos que fueron Barcelona y París a principios el s.XX. La vida de Picasso entre las dos ciudades. Ahora mismo hay una exposición muy parecida en el Museo Picasso que en cuanto pueda no me la pierdo. Otra exposición que me impresionó muchísimo por su exotismo fue en el Victoria & Albert Museum de Londres sobre las ropas de los zares de Rusia, fue un privilegio ver los atuendos de los Romanov e incluso de sus cocheros o de sus empleados.  Y la última, una exposición sobre el origen de la Bohemia en el Grand Palais de Paris, una muestra pictórica de la influencia de los gitanos y de su vida nómada que tanto inspiró a los artistas y a todos aquellos que querían acercarse a otro conocimiento de la vida, al margen de lo establecido, a menudo incomprendidos y desubicados, más pertenecientes a un mundo interior que exterior.

Izquierda: cartel exposición Grand Palais de París sobre la Bohème en el 2013. Derecha: cartel exposición sobre los atuendos de los zares de Rusia en Victoria & Albert Museum de Londres


Me alegra especialmente ver esas ciudades que están tan orgullosas de su patrimonio que prácticamente cualquier local te puede explicar tan bien su historia como el guía del propio museo. Este es el caso de Córdoba, los cordobeses no sólo tienen una ciudad extremadamente limpia y cuidada, seguramente todos te puedan explicar secretos de su Mezquita o darte algunos de los nombres más conocidos del pensamiento europeo, como el pensador Séneca, nacido en Córdoba y admirado por los griegos, quienes se dedicaron a transmitir su sabiduría en el legado de la Europa occidental. Lo mismo ocurre con Averroes o Maimónides, también cordobeses. A veces una ciudad o un pueblo se le conoce por ser el lugar natal de tal persona o de tal movimiento, gracias a la historia o al talento de alguien. Por ejemplo, Arlés se quedará para siempre ligado al nombre de Van Gogh, Verona a Romeo y Julieta, Casas Viejas a la Segunda República, o si paso por el Toboso en Castilla me acordaré del origen literario de Dulcinea.

Otro formato de museo muy especial es la Casa-Museo, esta intromisión en la casa de un artista es un experimento para los sentidos, allí se mezcla una curiosidad por el estilo de vida que llevaba la familia hasta el momento en que se deshabitó, con la imaginación de ver su persona paseando por la casa. La casa-museo de Joaquín Sorolla en Madrid es una de mis preferidas; este artista valenciano pintó escenas bellísimas de la vida española y plasmó la luz del Mediterráneo como nadie. Además su nombre ligado a este mar ha merecido el nombre de un buque de Balearia que te lleva a las Islas Baleares y que está lleno de sus litografías. Otras casas que merece la pena visitar son las de Salvador Dalí en Portlligat o Antonio Machado en Baeza.

Como vemos el Día internacional de los museos es muchas veces al año, depende más bien de cuándo empiece la exposición temporal o del interés que pongamos en el lugar. Siempre hay que honrar un espacio que nos hace ser partícipes a pocos metros de distancia ya sea de un cartel pintado en directo durante un espectáculo en el Moulin Rouge, poder leer la letra de Picasso en una carta personal dirigida a Lorca, o escuchar a la hija en zapatillas de un linaje familiar de la industria textil catalana. Todo está lleno de vida y de historia, acercarse a ella es un regalo. Mejor escoger un día y una hora en la que no haya nadie y descubrir los pequeños museos más allá del Prado o el Louvre que están tan llenos de turistas que no se oye ni la audioguía. Pero si hay que empezar, empecemos por nuestra ciudad..., hoy puede ser un buen día.