Andersen, un cuentista realista

Viernes, 14 de febrero

Hans Christian Andersen no fue un poeta ni un cuentista convencional y seguramente esa fue la razón por la que pasó a la historia. Tenía miedo a los incendios e iba siempre con una cuerda a todas partes para poder huir por una ventana si la ocasión lo requería. Sus historias mostraban elementos fantásticos pero a menudo se colaban momentos dramáticos y mucha soledad. Seguramente fue su origen pobre lo que le impidió describir a los niños un mundo de color de rosa. Con sus cuentos quiso llevar a los pequeños lectores por caminos donde encontrarse con los valores humanos, pero no usó el infantilismo para ello. Un ejemplo de esto es el cuento de La vendedora de fósforos, demasiado triste para recordarlo en una postal. La soledad, la compasión, la ilusión... Todos los colores de las emociones tienen cabida en sus más de 150 cuentos. Aunque Andersen consiguió vivir de su obra, su ambición por crecer, lograr fama y valor no acabaría nunca.

"In the most secret chamber of the castle lay the greatest treasure of the earth: the Book of Truth. Leaf for leaf, the wise man read it through: every man may read this book, but only by fragments. To many an eye the characters seem to tremble, so that the words cannot be put together; on certain pages the writing often seems so pale, so faded, that only a blank leaf appears. The wiser a man becomes, the more he can read; and the wisest read most. For that purpose he knew how to unite the sunlight and the starlight with the light of reason and of hidden powers; and through this stronger light many things came clearly before him from the page." - The stone of the wise man