Agatha Christie y el secreto de su inspiración

Foto de The Guardian

Agatha Christie escribió durante el transcurso de dos guerras mundiales. Dio la casualidad que al principio de la primera, con sus 24 años, se inscribió como enfermera voluntaria para la Cruz Roja inglesa en un hospital improvisado de su pueblo natal, Torquay. Con 3,400 horas de voluntaria le dio tiempo a aprender los efectos y las propiedades de todo tipo de venenos.



Este año, se celebran 100 años desde el fin de la Primera Guerra Mundial, la que entonces se llamó "la Gran Guerra", y ha salido a la luz por primera vez el carnet de voluntaria de Agatha Christie como enfermera, junto con algunas fotos de grupo en las que aparece.

Con el conocimiento en veneno que fue acumulando, tuvo material suficiente para maquinar en su imaginación más de 30 muertes por envenenamiento. "Es increíble cómo ideó fatales finales para tantos personajes y a su vez pensar que hubo un tiempo en que ella se mareaba al ver un poco de sangre", afirma el director del legado de la Cruz Roja inglesa.

Agatha Christie siempre prefirió la elegante muerte del envenenamiento a la de la sangre. En un libro que leí recientemente en estas vísperas navideñas, Poirot's Christmas, la escritora responde a modo de prefacio a la carta de su amigo James que la critica por la falta de sangre en sus crímenes. La respuesta dice así: "Querido James, siempre has sido uno de mis más fieles lectores, por eso me molestaron aún más tus palabras críticas quejándote de que mis asesinatos se estaban volviendo demasiado refinados, débiles de hecho. Reclamaste un "asesinato bien violento con muchísima sangre". Un crimen donde no haya duda de que se trata de un asesinato. Así que esta es tu historia, escrita para ti. Espero que te guste. Tu cuñada. Agatha".

Su servicio como voluntaria nutrió su imaginación homicida durante más de 50 años y su obra estableció a esta novelista en la más vendida en el mundo después de la Biblia y de Shakespeare.

En el libro El truco de los espejos escribe "El veneno tiene un cierto encanto". Ella opinaba que no tenía la crudeza de la bala de un revólver o la de un instrumento cortante. Algunos de los ejemplos de muerte por envenenamiento los encontramos en su primera novela , El misterioso caso de Styles, el asesino usa estricnina, que como el arsénico, aún se usaba para fines medicinales al principio de siglo. Christie recordaba así el origen de su inspiración: "Fue mientras trabajaba en la enfermería que concebí por primera vez la idea de escribir una historia de detectives y mi trabajo de entonces me ofrecía una oportunidad favorable. Empecé a considerar qué tipo de historia y qué tipo de detective podría inventar. Como estaba rodeada de venenos, tal vez era lo normal que escogiese este método para los crímenes de las novelas".

El cianuro, era una material disponible hasta mediados de los años 40 porque se usaba como pesticida doméstico y le sirvió a la autora para deshacerse de algunos personajes en La maldición del espejo, Diez negritos y por supuesto en Un brindis de cianuro. En otros de sus libros, plantas tóxicas como el jazmín amarillo, dedalera y cicuta, tenían su efecto letal. Incluso intentó experimentos literarios con químicos menos habituales como el talio o el ricino.

Tras toda una carrera durante las dos guerras mundiales, aprendiendo al detalle sobre la aplicación y la administración de algunas substancias tóxicas del planeta, llegó a asegurar orgullosa: "dame un botella de veneno y te construiré el crimen perfecto".

El jefe del archivo de la Cruz Roja inglesa recalca que es igualmente importante honrar el servicio de las otras heroinas anónimas que actuaron como voluntarias. Para celebrar su trabajo, todas las tarjetas de voluntarias han sido publicadas en internet. Y es que Agatha Christie es sólo una de las 56.000 mujeres voluntarias que se inscribieron en la Cruz Roja inglesa durante la Primera Guerra Mundial. 

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